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lunes, 12 de octubre de 2015

dia de la ¿HIspanidad?

 

Viendo y leyendo los debates sobre nacionalismos de distinto signo que nos asedian en esta época, se da una cuenta de que todo es una inmensa mentira y una manipulación, de uno y otro lado, para generar presiones con intereses muy concretos, que afortunadamente cada vez conmueven y engañan a menos gente, como se va viendo en las diferentes ocasiones electorales y en la evolución social en general. El nacionalismo siempre fue un invento. Un invento de reyes ambiciosos que querían más tierras. De  generales de ejércitos que necesitaban cegar a sus soldados para que no sintieran las mutilaciones o las muertes de los compañeros. Un invento, en los últimos tiempos, de fanáticos que desencadenan la mentalidad sectaria para generar suicidas o de listillos que se rodean del mismo clima para obtener beneficios, ocultar sus robos o conseguir irracionales votos de gente con complejos o inseguridades que sublimar ante una bandera.

El nacionalismo siempre ha sido un problema para la humanidad, y lo único bueno de las comunidades humanas es su capacidad para extenderse, distribuirse y mezclarse con otras comunidades, de donde viene a nacer el idioma, que no es en absoluto un fenómeno “de la nación”, sino todo lo contrario, es la herramienta que surge del roce y el entendimiento con otras etnias e idiomas, en un producto híbrido que surge para hacerse entender por el extranjero.

El nacionalismo español ha sido, en la larga historia de nuestro país, usado e instrumentalizado por reyes tiránicos, generales de pronunciamiento militar fácil y políticos corruptos. La verdadera hispanidad, es decir, la riqueza y profunda esencia de la comunidad que vive en estos lugares, tiene que ver con su riquísima literatura, su genial espíritu vital y alegre y la capacidad para simpatizar y convivir con otras culturas y etnias, llegando al mestizaje, como otros países no son capaces. Ninguno de estos valores se exalta en el nacionalismo “exprés” que encontramos en las fiestas y discursos nacionalistas hispánicos.

Ser español es llorar, parafraseando a Larra. Es decir, lo que realmente vale de ser español, la cultura inmensa que es despreciada y desvalorizada cada día por los gobiernos, ministerios y agencias de poder vario, la capacidad de abrirse y extenderse al mundo que jamás se ha apoyado ni aprovechado por institución alguna, constituyendo una de las comunidades de hablantes más inmensas del mundo que no tiene ni la más mínima capacidad de crear riqueza con ello y aprovechar las posibilidades de estos pueblos vivaces e inmensamente ricos, la alegría, simpatía y energía vital de españoles e hispanos que cada día es pisoteada por poderes públicos y privados que se nutren de ella y la parasitan, ésa es la hispanidad que jamás volará a los cielos mientras la homenajeamos. La otra, la fiesta de la banderita, cada vez tiene menos simpatía intrínseca para la gente.

También porque vivimos en un siglo en que el espíritu de comunicación, de hibridación, la empatía transnacional, la sensación de que toda la política es un manejo de los pueblos, y que éstos tienen hoy modos de entenderse, trabajar y colaborar que no pasan por discursos, banderas, ejércitos y efemérides, son cada vez más sólidos. Crece nuestra capacidad de ensamblarnos globalmente como especie, a la misma velocidad que decrece nuestra idea de un nacionalismo de terruño, cateto y cerrado. Por eso, las nacionalidades hispánicas son cada vez más operaciones estéticas sin ningún tuétano dentro.

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